Cómo Munay salvó mi vida, o al menos la cambió


Ayer ví un artículo en internet que me llamó la atención, mi pareja estuvo a punto de comprar un producto a raíz de esa noticia, tal vez falsa, tal vez real

El título decía algo así: “Cómo Shakira perdió de peso y la demandaron por un comentario en televisión”. En el artículo describen cómo fue la pérdida de peso milagrosa de la cantante, la entrevista que hizo en un programa de TV a cerca del producto que utilizó para bajar de peso, y la demanda que le interpusieron por hacer declaraciones falsas. Al final del artículo, sutilmente promocionan el producto que ella utilizó para bajar de peso, como un “dato adicional”, solo en caso que el lector (o la lectora ya convencida), quiera ver el producto y tener el cuerpo de Shakira.

Me quedé juzgando el artículo con mi pareja y le propuse, ¿qué tal si hiciera que Juanes, Marc Anthony, o J Balvin hablaran del momento en el que estuvieron a punto de suicidarse o perder su carrera, y que la meditación, el yoga o los cursos de felicidad que encontraron en una app mística, profunda, sencilla, fue lo que les salvó? Se rió y me dijo que sería macabro pero efectivo. Como no los conozco y no tengo la menor intención de hacer un artículo manipulador e insultante a la inteligencia de los usuarios de Munay, se me ocurrió escribir sobre cómo Munay Salvó mi vida (esto no es cierto, es para hacer énfasis en lo absurdo, sugestivo y poderoso del mercadeo que se convierte en noticia, blog o historia personal), o al menos cómo la cambió (esto sí que es verdad).

Munay cambió mi vida.

No hablo de los cursos de yoga alucinantes y desmistificados que están en Munay, ni de las meditaciones místicas, sencillas, de corazón y ancestrales de nuestro capitán de entrenadores Munay (quien abandonó el proyecto sin necesidad de dar explicación, una gran enseñanza para todo el equipo y un mensaje de nuestro estilo de comunicación, solo queremos que te quedes en Munay hasta que lo sientas); tampoco me refiero a las clases de cocina inspiradoras, sencillas y divertidas de mi amiga Lucía Dávila que con hablar seduce y cuestiona al mismo tiempo.

Mucho menos haría referencia a los videos de baile consciente para disfrutar del movimiento con reguetón, cumbia o salsa que al mismo tiempo me invitaron a respirar, agradecer, fluir o sonreír como parte del cambio de Munay en mí. Podría inventar que fue gracias a los ejercicios de entrenamiento funcional consciente dictados por Diego Valbuena, un hombre que decidió dejar que su alma de niño hable para siempre, con una historia que empezó en Ciudad Bolívar (una enorme localidad popular de Bogotá) cuando se hizo maestro de yoga, estudió con su trabajo fisioterapia y decidió ir a Argentina a bailar el tango de su vida. Nada de eso cambió mi vida. Pero sí fueron los momentos en los que conocí a los creadores de estos videos, prácticas, y enseñanzas que tuve el honor de producir y capturar en video para el mundo.

Lo que cambió mi vida fue escuchar a Willi, el capitán de los entrenadores de Munay y creador del programa de felicidad, una tarde caminando hacia el lago de Siecha sin mucho interés en cambiarme sabiendo que era solo una verdad que llegaría en su momento “la energía sexual que estas desplegando en varios pares de piernas podría ser enfocada en Munay con mucho más retorno y satisfacción”. Lo hice. Fue escuchar De Diego que hacerme la vida más fácil era hacer 7 sentadillas en lugar de 14, siempre que las hiciera sonriendo, lento, respirando y entrando en mi cuerpo. Lo hice y sonreí.

Fue acompañar a la profe Cata a grabar los videos de baile consciente y escuchar sus historias del viaje que hizo a Francia para representar a Colombia en un festival de baile folclórico, no tanto por el orgullo de representar a Colombia sino por el placer de conocer otros ritmos, otros seres, enamorarse mientras bailaba y hacía lo que le venía en gana a su alma. Lo que cambió mi vida fue sentir el entusiasmo de Lucía la instructora de comida consciente, cuando cada 15 días le compartía el avance de la app, y sentir como hacía suyo el proyecto, cómo radicalmente su felicidad era ver la felicidad y crecimiento en los otros, en nosotros.

Munay cambió mi vida porque finalmente pude expresarme, conocerme, escucharme, permitirme trabajar en propósito, hacer lo que me hace madrugar, trasnochar, dormir tranquilo y a veces inquieto. Cambió mi vida porque me trajo a mí mismo, y en el camino me llevó a los seres que me enseñaron con sus espejos el alma que soy y me mostraron con sus vestidos de meditación, baile, cocina o yoga, el alma que son.

Desde la humanidad de mi corazón deseo para ti que Munay cambie tu vida, no por un momento sino para siempre, porque te haya llevado a ti mismo y a otros seres como tú: alucinantes, como el equipo de Munay y su comunidad de usuarios que entrena la felicidad como hábito, como estilo de vida.